Argentina fue el mejor mercado de la región ayer. Y la curva de bonos se invirtió.

Septiembre arranca con una señal positiva para Argentina que conviene no pasar por alto: el lunes el Merval subió 1,83% y fue el mercado de mejor desempeño en toda América Latina. Brasil subió 1%, pero México cayó 0,67%, Chile -1,14% y Colombia -1,34%.

En un contexto donde Warsh acababa de hablar en Jackson Hole con un tono más duro de lo esperado y la probabilidad de suba de tasas en septiembre saltó al 50%, que Argentina sea el único mercado regional en verde con esa magnitud no es un dato menor.

 Las energéticas lideraron — Tenaris +4,2%, YPF +2,1%, Vista +1,6% — aprovechando el rebote del Brent hacia los USD 88,88 y la soja subiendo 3,2% y el maíz +10% por factores climáticos en EEUU.

El dólar mayorista, lejos de subir, cerró levemente a la baja en $1.509 con el BCRA acelerando compras. Es la foto de un mercado que, después del peor agosto del año, empieza a buscar piso con convicción.

Pero hay una señal que el mercado no puede ignorar: la curva de bonos en dólares se invirtió. Los bonos con vencimiento en 2027 rinden más que los de largo plazo — una anomalía que en términos técnicos se llama "inversión de la curva" y que históricamente anticipa dos cosas posibles: o que el mercado está exagerando el riesgo de corto plazo y hay una oportunidad de compra, o que hay una preocupación real sobre la capacidad del país de honrar los vencimientos del próximo año.

El cronista lo tituló con la pregunta que el mercado se está haciendo: "¿Default? La curva de bonos en dólares se invierte a partir de 2027".

Los vencimientos de ese año son cercanos a los USD 25.000 millones — una cifra enorme que el Gobierno dice tener cubierta pero que el mercado sigue mirando con lupa. Portfolio Personal Inversores elige la lectura optimista: "una eventual compresión del riesgo país podría favorecer relativamente a los Bonares y habilitar una reducción parcial del spread por legislación". En ese escenario, la inversión de la curva es una oportunidad, no una alarma. Pero para que ese escenario se materialice, el riesgo país tiene que perforar los 500 puntos de manera sostenida — y eso todavía no ocurrió.

El dato de la semana que más puede mover al mercado local llega el viernes desde EEUU: el dato de empleo de agosto. Si la economía americana creó menos puestos de los esperados, la Fed tiene argumentos para no subir tasas el 15-16 de septiembre, los rendimientos de los bonos del Tesoro americano ceden y los emergentes respiran.

Si el empleo sorprende al alza, la probabilidad de suba salta del 50% al 70%-80% y la presión sobre los bonos argentinos vuelve. Y el jueves 10 de septiembre el INDEC publica el IPC de agosto: el consenso espera entre 1,5% y 1,8%, la primera vez en el año que la inflación mensual podría arrancar con "uno coma algo".

Si confirma ese número, la narrativa de desinflación que el mercado festejó en mayo y junio tiene argumentos concretos para volver.

La semana pasada Bank of America publicó un análisis sobre TGS que merece atención. El banco mantiene un precio objetivo de USD 54 por ADR — con la acción en torno a los USD 31-32, eso implica un upside del 70% — y no lo revisó a la baja pese a recortar sus estimaciones de EBITDA para 2026. La razón es simple: la tesis de BofA no está basada en los resultados del trimestre sino en una transformación estructural del negocio.

 Argentina LNG, el proyecto de líquidos de gas natural por USD 3.000 millones y la ampliación del Gasoducto Perito Moreno van a llevar los ingresos dolarizados de TGS del 50% actual al 70% para 2030. En un país donde la dolarización de los ingresos es el activo más escaso y valioso, eso es exactamente lo que el mercado paga a prima.

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