Hasta el miércoles, la historia de la semana se contaba sola: la tasa americana en máximos desde 2007 chupaba dólares de todos los mercados emergentes y el riesgo país argentino subía sin que pasara nada malo en Buenos Aires.
Ayer, la coartada se terminó. El INDEC publicó dos datos duros —el EMAE, que mide la actividad económica mes a mes, cayó 2,9% en julio, bastante más de lo esperado y arrastrado por industria y construcción, y la pobreza del primer semestre trepó al 32,3% con una indigencia del 7,5%, contra el 28,2% del segundo semestre de 2025— y el mercado local los cobró de inmediato.
El riesgo país sumó otras doce unidades hasta los 578 puntos básicos, máximo en cinco meses y novena rueda consecutiva de alza, con los soberanos en dólares cediendo 0,5% promedio.
Lo llamativo es que ayer el mundo aflojó un poco. Wall Street recortó pérdidas y terminó casi neutro en el S&P 500 y el Nasdaq, apuntalado por el resurgimiento de expectativas de un acuerdo para reabrir el Estrecho de Ormuz, mientras la tasa del Tesoro a diez años se mantuvo en torno al 5,14%. Es decir: el viento externo dejó de soplar en contra durante unas horas y los activos argentinos igual cayeron. Cuando eso pasa, la explicación deja de estar en la Fed de Warsh y empieza a estar en casa.
La foto del equity local es la más elocuente. El Merval perdió 1% hasta 2.939.964 puntos, un mínimo desde el 21 de agosto y cuarta baja al hilo, pero medido en dólares contado con liquidación se acercó a los 1.800 puntos, el nivel más bajo desde el 16 de marzo, con los ADRs en Nueva York tocando mínimos de cinco meses.
Traducido: el inversor que mide en dólares —o sea, el que decide los flujos— está saliendo, no rotando. Y no lo hace por un dato de julio en particular, sino porque la suma de actividad en caída, pobreza en alza y elecciones en 2027 reabre la pregunta incómoda sobre la continuidad del programa, justo cuando el crédito externo se encareció.
En el frente cambiario, en cambio, la película sigue siendo la misma y conviene no confundir calma con solidez. El dólar en el Banco Nación marcó un nuevo récord nominal de $1.540, pero el avance del oficial sigue muy por debajo de la inflación y muy lejos del techo de la banda del BCRA. El problema es la acumulación: el Central compró apenas USD 8 millones y septiembre cierra como el mes de menores compras del año. Hay un dato que juega para el otro lado y merece atención: la inflación esperada a doce meses perforó el 30%, lo que sugiere que las expectativas de precios siguen ancladas aun con la actividad golpeada. Esa es, hoy, la principal carta del Gobierno.
La lectura de fondo es que Argentina entró en la peor combinación posible de corto plazo: tasa global alta que encarece el rollover, recesión que erosiona la recaudación y un calendario que no espera. Hoy vence el pago al FMI por USD 803 millones y el miércoles el Tesoro enfrenta una licitación grande en pesos tras el canje dollar-linked. Nada de eso es dramático por sí solo, pero cada renovación se negocia ahora con un mercado más caro y menos paciente.