El riesgo país en 543 puntos, Caputo en Nueva York y la paradoja de una Argentina que sube en los papeles pero no en los precios.

El riesgo país salta a su nivel más alto desde mediados de mayo — 543 puntos básicos — en lo que es la séptima suba consecutiva.

Cada vez que el mercado parecía encontrar un piso, apareció un nuevo dato externo o una nueva lectura política para empujarlo más arriba. Y la paradoja de hoy es llamativa: mientras el S&P 500 ganó un 1,5% y el Nasdaq escaló un 2,3% con ganancias sobresalientes para Meta (+11,4%), el S&P Merval cayó 0,8% y se diferenció de la tendencia alcista de Wall Street, resignando nuevamente el nivel de los 3.000.000 puntos. 

Es la misma foto de agosto repitiéndose en septiembre: Argentina no puede capitalizar el viento de cola global porque tiene sus propios lastres.

El primero de esos lastres es externo pero muy concreto. El bono del Tesoro de Estados Unidos a 10 años rinde en torno al 5% anual en moneda dura, mientras que un bono argentino bajo ley extranjera al mismo plazo se ubica en torno al 8% anual en dólares. Esa diferencia de apenas 300 puntos — que es esencialmente el riesgo país — le resulta insuficiente a muchos inversores institucionales que prefieren quedarse con el bono americano sin riesgo.

Con tasas cercanas al 5%, los bonos de Estados Unidos atraen dólares de la región, y ese efecto se reflejó en el mercado local: la caída de los bonos soberanos elevó sus rendimientos hasta el 11,5%. La suba de tasas de la Fed del miércoles pasado — con un dot plot que apunta a otra suba antes de fin de año y ningún recorte en 2027 — instaló un techo externo que Argentina va a tener que convivir durante meses.

El segundo lastre es más novedoso y más político. Lo elocuente es que la continuidad de la mala performance de los bonos argentinos coincide con el viaje oficial a Nueva York. Caputo se adelantó a la comitiva presidencial que viajó para participar de la asamblea de las Naciones Unidas, llegando antes a EEUU para mantener reuniones con inversores y bancos de Wall Street, con el objetivo de transmitir una mirada optimista respecto de la economía argentina y de las posibilidades de reelección del oficialismo en las elecciones de 2027, que es el gran foco de atención de los grandes inversores.

  • La ironía es perfecta: Caputo está en Wall Street vendiendo la historia de Argentina justo cuando los bonos argentinos están cayendo por séptima rueda consecutiva. El ministro tiene los argumentos — IPC de 1,7%, reservas en USD 50.000 millones, superávit fiscal — pero el mercado le devuelve preguntas sobre 2027.

    El tercer elemento de la jornada es técnico pero relevante. El Tesoro ofrece un canje dollar-linked por el instrumento que vence a fines de septiembre, con el objetivo de evitar volatilidad antes de su precio de fijación, como ya hizo antes de otros vencimientos. Es una operación de administración de pasivos que el mercado recibe con neutralidad — no es una señal de alarma, sino de gestión prudente del calendario de vencimientos.

    A nivel de estrategia, resulta atractivo tomar posiciones en la parte corta de la curva soberana en dólares por la relación entre riesgo y retorno, mientras que para perfiles más conservadores los bonos del Tesoro estadounidense de largo plazo son una alternativa de asignación de activos para los próximos meses, según los analistas que siguen de cerca la curva.
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