Agosto va a quedar en los registros como el peor mes del año para los activos argentinos.
El riesgo país cerró la semana por encima de los 530 puntos — un salto de más del 25% desde los mínimos de 405 que marcó el 8 de julio — y el Merval en dólares perdió más del 15% desde los máximos de junio. Todo esto en un contexto donde la macro local no dio una sola señal de alarma: superávit fiscal del 0,9% acumulado en siete meses, reservas en USD 50.000 millones, inflación núcleo en 1,9% mensual y el FMI respaldando el programa.
La paradoja de agosto es que nunca antes Argentina tuvo tan buenos números macroeconómicos con tan mal humor de mercado al mismo tiempo.
¿Qué está pasando exactamente?
Gustavo Gardey de Bull Road Investments lo sintetizó con precisión esta semana: "hay una recalibración del riesgo electoral. A un año de las elecciones no hay un panorama claro, y del lado de la oposición hay sectores que directamente plantean desconocer la deuda". Esa frase resume el mecanismo: el mercado no está dudando de la economía de Argentina — está dudando de si el programa económico tiene continuidad política más allá de 2027. Y en Argentina, esa pregunta siempre tiene un costo.
Históricamente, en los 12-18 meses previos a cada elección presidencial, el riesgo país sube entre 100 y 200 puntos básicos independientemente de los fundamentos fiscales. Lo que está pasando en agosto no es nuevo — es el ciclo de siempre, solo que esta vez arrancó más temprano y con más fuerza porque el punto de partida (405 puntos en julio) era muy bajo.
El contexto externo tampoco ayudó. Trump volvió a amenazar con presionar económicamente a Irán, el Brent rebotó hacia los USD 93 y los rendimientos de los bonos del Tesoro americano a 30 años tocaron el 5,3% — máximos desde 2007.
Cuando las tasas largas americanas están en esos niveles, el capital global busca refugio en activos sin riesgo y los mercados emergentes sufren salidas de flujo. Argentina, con su doble presión de riesgo externo y ruido electoral interno, amplifica ese movimiento. La única noticia positiva de la semana llegó desde la ciencia: Moderna subió 177% tras confirmar resultados históricos de su vacuna personalizada contra el melanoma — pero eso es un evento corporativo puntual, no un catalizador para los activos locales.
La semana que viene tiene el evento más esperado del mes: Nvidia reporta el jueves 28 de agosto. Si los resultados del Q2 confirman que la demanda de infraestructura de IA sigue acelerándose — y todo indica que así será, dado el backlog récord de USD 51.300 millones que Dell confirmó en mayo — el Nasdaq puede rebotar con fuerza, mejorar el apetito por activos de riesgo globales y darle algo de respiro a los emergentes.
Para Argentina, sin embargo, ese respiro solo puede ser temporal: mientras el riesgo electoral no se despeje con candidaturas, coaliciones o señales concretas de continuidad del programa, el riesgo país va a tener dificultades para volver a la zona de los 430-450 puntos de manera sostenida.