Hoy el petróleo Brent, la referencia internacional del crudo, tocó los 112,68 dólares por barril, su precio más alto desde el 18 de mayo. Subió casi 3% en un solo día. Para dimensionarlo, el barril arrancó julio en 71 dólares: en menos de cuatro meses, llenar el mismo tanque del mundo cuesta más de la mitad más caro. Y lo curioso es que, si uno mira los números de oferta, el crudo no está faltando. Ese es el enigma que vale la pena desarmar.
Un barril que cotiza miedo
Lo que pasó en las últimas horas fue una cadena de golpes. Los hutíes de Yemen, aliados de Irán, atacaron objetivos en Arabia Saudita, incluido un aeropuerto civil en Dammam y un yacimiento petrolero. La Guardia Revolucionaria iraní afirmó haber alcanzado siete buques en el Golfo y cerca del Estrecho de Ormuz, aunque esas versiones no están verificadas, y un petrolero se incendió frente a Omán tras el impacto de un proyectil. Además, trascendió que el secretario de Defensa estadounidense discutió con Netanyahu opciones militares contra Irán, y Teherán respondió con amenazas directas contra refinerías saudíes.
Ahora, la paradoja: según datos de seguimiento de buques, las exportaciones del Golfo Pérsico ya superan los niveles previos a la guerra, porque una parte del crudo se desvía por oleoductos terrestres hacia el Mar Rojo y el Golfo de Omán. Hay petróleo. Lo que el mercado está pagando es otra cosa.
La prima de riesgo, explicada con un paraguas
Pensalo así. Si el pronóstico anuncia tormenta, los paraguas se venden más caros aunque todavía no haya caído una gota. Nadie compra por la lluvia de hoy, sino por la que puede venir. Con el petróleo pasa exactamente lo mismo: los compradores agregan al precio una “prima de riesgo”, un sobreprecio que funciona como seguro contra la posibilidad de que Ormuz, por donde pasa una porción enorme del crudo mundial, se cierre de verdad.
Esa prima es volátil porque depende de titulares, no de barriles. Por eso el petróleo tocó 126 dólares en abril, se desplomó hasta 71 cuando el memorándum entre Estados Unidos e Irán trajo calma, y volvió a dispararse cuando ese entendimiento expiró en agosto. Y por eso los analistas del sector repiten una advertencia: no esperan una desescalada antes de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, a principios de noviembre.
El efecto dominó en Wall Street
Un barril caro no se queda en el surtidor. Encarece el transporte, la producción y, al final, casi todo. Estados Unidos ya sufre faltantes de gasoil, al punto que el gobierno ofreció prestar parte de su reserva de emergencia de combustible para calefacción. Más inflación significa que la Fed de Warsh tiene más argumentos para volver a subir la tasa en la reunión del 28 de octubre. Hoy el Nasdaq cayó más de 2% y los inversores buscaron refugio en los bonos del Tesoro, cuya tasa a diez años volvió a perforar el 5%.
Argentina: el país que vende paraguas
Acá viene la parte interesante para el inversor local. Hace no tanto, un petróleo a 112 dólares era una mala noticia para la Argentina: el país importaba energía y cada suba se convertía en una sangría de dólares. Hoy la foto es otra. Gracias a Vaca Muerta, la Argentina vende energía. Entre enero y septiembre, el superávit comercial energético alcanzó un récord de USD 9.427 millones, más de la mitad de todo el saldo positivo del país. Con el barril caro, la Argentina está del lado del que vende paraguas en plena tormenta.
Eso se ve en la bolsa. Al 16 de octubre, YPF acumulaba en 2026 una suba de 42% en dólares y Vista una de 47%, las dos acciones argentinas de mejor desempeño del año, en un mercado donde el panel general viene en baja. Cada dólar extra por barril se traduce en más caja para las empresas que extraen en Neuquén.
Pero la tormenta también moja al vendedor. El mismo petróleo caro que alimenta las exportaciones empuja la inflación estadounidense, presiona a la Fed y eleva la tasa de referencia contra la que se mide el riesgo país, que ayer se ubicó en 674 puntos. Es decir: lo que el barril le da a la Argentina por la balanza comercial, se lo puede quitar por el lado del crédito. Las petroleras celebran; los bonos soberanos, no tanto.